Hay mañanas que vienen cargadas de lluvia
y esperanza. El deportivista se sienta a la mesa, abre el periódico y
se desayuna con un dato impensable hace quince años: el 42% de los gallegos
se declara seguidor blanquiazul. Los fieles deportivistas son casi el doble
que los celtistas y más del doble que los madridistas en Galicia. La
encuesta no puede ser más imparcial en el ámbito gallego, ya que
ha sido promovida por la Generalitat de Catalunya. En el conjunto de España,
el Deportivo llega al corazón del 4% de los aficionados y es el cuarto
equipo del país junto a tres históricos: Valencia, Athletic y
Betis.
La primera conclusión empírica, más allá de cualquier
localismo, es que el Deportivo se ha ganado la consideración de equipo
más representativo de Galicia. Pero también hemos de admitir que
no lo hemos sido siempre. Las encuestas de los 80 nos situaban tras el Madrid
y el Celta y en dura pugna con el Barcelona. Si estos resultados emanaban del
sentimiento de los gallegos de entonces, lo lógico es que aquel Deportivo
ni siquiera computase en el ánimo del resto de los españoles.
La segunda conclusión es que el Dépor ha trastocado el sentir
futbolístico de los gallegos y españoles en sólo 15 años.
¿Qué ha pasado? La respuesta resulta tan evidente (es obvio que
ha cambiado el Deportivo) que lo lógico sería estudiar las pautas
de su transformación.
Como la fuente que brota en un desierto, surgió un club campeón
de la bancarrota. A primera vista, podría zanjarse el análisis
de este proceso con la palabra milagro y asunto concluido. Pero
faltaríamos al rigor por la sencilla razón de que ya existían
precedentes: el Liceo de hockey y el Ural. Esto quiere decir que los triunfos
del Deportivo responden a un método probado con éxito en el laboratorio
de un deporte minoritario y en el fútbol local. El modelo Deportivo
-al igual que el modelo Zara- ya se estudia en las facultades. Hay una
propuesta sobre la mesa del presidente Lendoiro de la Universidad japonesa de
Sapporo, como la realizada hace unos días por la Facultad de Económicas
de Santiago, y están a punto de publicarse dos estudios de la Universidad
coruñesa.
La segunda cuestión supera el ámbito académico y tiene
en su punto de mira a la Administración y a los medios de comunicación.
Hoy por hoy, el Deportivo es la proyección de la Galicia campeona en
el mundo. Parece difícil encontrar una mejor vía de penetración
en el exterior que presentarse de la mano de un equipo que disputa anualmente
la Liga de Campeones. ¿Qué hay que hacer para que el Deportivo
sea reconocido como uno de los símbolos del país, uno de los iconos
incuestionables de la Comunidad, tal como demanda el intelectual Suso de Toro?
Ni siquiera a nivel local podemos presentar nuestras propuestas. En Vigo, que
gasta fama de ciudad ingonernable, se han puesto de acuerdo todos los partidos
políticos e instituciones para lanzar el proyecto Nuevo Balaídos.
Y se calcula que en cuatro años rondarán nuestro presupuesto:
avisado queda.
La pregunta cae por su propio peso: ¿A dónde podría llegar
el Deportivo de La Coruña si contase con el apoyo de sus políticos
y periodistas?
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