La Coruña nació de una leyenda,
el tiempo que necesitó Hércules para tumbar al gigante Gerión.
El mito de la victoria contra el gigante se ha reproducido siglos después
en el club de la ciudad, el Deportivo, especializado en desafiar a los todopoderosos.
Una tropa de fieles empuja en cada partido desde el fondo norte de Riazor, un
estadio con nombre de héroe milenario. Son una congregación de
voluntarios que proceden de todos los rincones de la ciudad, desde Monte Alto
a Cuatro Caminos o la Calle Real, entre Os Castros y la Ciudad Vieja. Tienen
suficiente edad para recorrer miles de kilómetros tras el equipo de sus
amores y se llaman Riazor Blues. Tienen el alma blanca, la sangre azul y la
voz negra.
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