Se ha ido 2002, un año magnífico
en la historia del club, y hemos iniciado 2003 con noticias de felicidad y esperanza.
La recuperación de Molina, la vuelta a los campos de Andrade, Djorovic
y Manuel Pablo, o la puesta a punto de Juan Carlos Valerón, nos ha alegrado
últimamente el semblante. Todos ellos han sido víctimas del infortunio
en un año espectacular, 2002, que nos dejó un regalo de última
hora en el árbol de Navidad: el Deportivo de La Coruña encuadrado
entre los diez mejores del mundo. De hecho, el conjunto blanquiazul finalizó
la temporada futbolística 2001/2002 como cuarto equipo del planeta y
cerró el año, a fecha 31 de diciembre de 2002, en el noveno puesto
de la clasificación mundial creada por la Federación Internacional
de Historia y Estadísticas de las competiciones FIFA.
El rango internacional adquirido por el Deportivo constituye un motivo para
vanagloriarse, pero también para tener los pies en el suelo. ¿Cuántas
instituciones de la capital herculina o de Galicia compiten a pecho descubierto,
cada semana, con los diez mejores del mundo? Es fácil cuestionar al último
campeón de dos de los tres torneos que se disputan en España (Copa
y Supercopa) desde la demagogia, la ignorancia o la verborrea mediática;
incluso es fácil acostumbrarse a la visita periódica del Manchester
United o la Juventus, equipos inalcanzables hasta hace bien poco salvo en las
colecciones de cromos.
Llevamos una década disfrutando al máximo con el Deportivo, una
década de euforia que hasta los psiquiatras traducen en términos
de bienestar social, y seguimos teniendo al mayor enemigo en casa. Pero si la
falta de apoyo se produce en este contexto exitoso, ¿cómo sería
tratado el club en el hipotético caso de que volviera a ser fiel a su
historia? Ni siquiera los últimos diez años de éxito han
conseguido maquillar el retraso histórico que padeció la entidad
blanquiazul hasta 1988. No tienen más que echar una ojeada a la clasificación
histórica de Primera División y comprobar que, tras 71 temporadas,
el Real Club Deportivo de La Coruña ocupa el puesto catorce, cuatro plazas
por debajo del Celta de Vigo, dos por debajo del Valladolid y a una del Oviedo.
El destino siempre nos ha deparado situaciones rocambolescas y somos conscientes
de que nos hemos forjado en la adversidad. Y es que en ocasiones, las trabas
y las zancadillas se convierten en acicates inesperados. De momento, comenzamos
el año con Molina, catorce años consecutivos de superávit
a la espalda y un goteo inacabable en el registro de altas. 2003, el año
de Abegondo.
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