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Es el último pichichi de Primera División.
O sea, el artillero nacional, la principal escopeta futbolística del
país. En un deporte donde los atacantes son rebautizados con términos
de tinte bélico, tipo bombardero, cañonero, pistolero, tanque
y demás, él se ha quedado con el apodo más pacífico
y onomatopéyico: Diegol.
Diego Tristán (La Algaba, Sevilla, 1976) representa una de las mejores
campañas firmadas por el Real Club Deportivo a lo largo de su historia:
la 2001/02. El conjunto blanquiazul finalizó la temporada como cuarto
equipo del mundo tras ganar la Copa del Rey, obtener el subcampeonato liguero
y alcanzar los cuartos de final de la Liga de Campeones. Realizamos un
gran trabajo colectivo, por eso quiero extender el premio
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Pichichi a todos los compañeros, señala Tristán. El ariete marcó
21 tantos en la máxima categoría, una marca inalcanzable para
los demás goleadores del campeonato. Sólo otro jugador deportivista,
Roberto Gama de Oliveira, Bebeto, había conseguido semejante galardón.
Su acierto ante la portería rival no quedó en mera estadística.
De hecho, los entrenadores de la Liga española eligieron al delantero
blanquiazul como el mejor futbolista de la competición, rompiendo la
hegemonía de Raúl, a través de la encuesta que elabora
anualmente El País.
Tristán, amante de los toros y currista furibundo. El periodista Alfredo
Martínez lo ha definido así: Arte y temple en el área
chica; finura y acierto cuando enfrenta el arco contrario.
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