Dos años, cuatro títulos
La prensa local lo ha bautizado así: "El
equipo del siglo XXI". Y el razonamiento es pura estadística: el Deportivo
de La Coruña es el club que más títulos nacionales ha conseguido
en los dos últimos años. Si iniciamos el cálculo desde el
año 2000, encontraremos que el conjunto blanquiazul festejó cuatro
entorchados nacionales, el Real Madrid celebró dos (Liga 2000-01 y Supercopa
2001) y el Barcelona, ninguno. En ocasiones, la frialdad de las matemáticas
suscita más emociones que los propios sentimientos.
Un campeonato liguero (19 de marzo de 2000); la posterior Supercopa contra el
Espanyol; la Copa del Rey del centenariazo (6 de marzo de 2002) y la reciente
Supercopa ganada brillantemente al Valencia han convertido a la entidad blanquiazul
en el club hispano con más motivos para trasnochar. Bien es cierto que
esta filosofía entronca directamente con el "andar de parranda e durmir
de pé", lema oficioso de una ciudad que ha encontrado en el fútbol
su principal vehículo de expansión. Pero de la misma manera que
sería una frivolidad mofarse del vecino, constituiría un signo de
inmadurez acostumbrarse al triunfo fácil. No somos nuevos ricos: nos ha
costado mucho esfuerzo llegar hasta aquí y sigue costándonos. En
estos días de resaca, no vendría mal detenerse un. momento y reflexionar:
hace tan sólo catorce años estábamos a punto de descender
a Segunda B y en la bancarrota, ¿qué nos ha hecho llegar hasta aquí?
Pensémoslo un instante. Suele decirse que aquél que desconoce su
pasado está condenado a repetirlo.
Ahora más que nunca, no debemos bajar la guardia, ni agachar la cabeza
al primer contratiempo. Todo lo contrario: necesitamos reforzar el apoyo y el
compromiso del deportivismo y su entorno (instituciones, empresas, agentes sociales,
medios de comunicación) ante la dificultad de los retos que se avecinan.
Es un grave error, impropio de una ciudad que se jacta de ignorar la palabra forastero,
que al club deportivista le cierren la puerta en su propia casa.
El azar ha querido que nos enfrentemos a ciudades del tamaño de Munich
o Milán, e incluso Lens, que abandera una de las regiones más industriales
de Francia. No podemos compararnos en productividad o salarios, pero competimos
de tú a tú sobre el terreno de juego. Gracias a nuestro equipo,
el buen nombre de la ciudad herculina y de nuestra querida Galicia es tratado
con admiración y respeto en todas las televisiones, periódicos y
emisoras de Francia, Italia o Alemania. En esta hora, sólo podemos desear
la complicidad de los nuestros para afrontar los desafíos, tan difíciles
pero a la vez apasionantes, que se avecinan. Y que el Apóstol nos acompañe.
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