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La primera vez que entró en el estadio
de Riazor no fue para jugar al fútbol. Se celebraba un Teresa Herrera
y la pequeña Cristina Saavedra formaba parte del grupo de baile gallego
Santalla, de su Santa Cruz natal.
Ahora que triunfa en Ahora, un programa de Antena-3 salpicado de comentarios
ácidos hacia los protagonistas de la prensa del corazón, nos desvela
un romance insospechado: el Deportivo. Su pasión por el blanquiazul viene
de tradición familiar, primero a través de su padre y después
de su hermano. Pero como dice Saavedra, los colores se avivan en la distancia,
sobre todo desde que Antena-3 la fichó de Televisión de Galicia
y tiene que residir en Madrid. El día anterior a la final de Copa
del 6 de marzo, se celebró la junta de accionistas de la cadena, una
reunión a la que acudieron todos los presentadores y directivos de la
casa. Durante el cóctel posterior a la junta se produjo un momento de
silencio, uno de esos momentos que sólo puede llenar el fútbol
Entonces el consejero delegado dijo: ¡Que hable la otra parte!.
Se daba por entendido que yo, la deportivista y única no madridista,
era toda la otra parte. Muy prudente, dije: Yo hablo pasado mañana.
Y Cristina habló el día después de la gran final, pero
con prudencia. El madridismo estaba demasiado dolido. El Deportivo fue
un equipo querido en la capital hasta que le vieron las orejas al lobo. En Madrid
todavía creen que Galicia sigue estando más allá de la
frontera. Hay gente que se sorprende cuando, después del programa, salgo
para A Coruña. Las comunicaciones han acortado las distancias terrestres,
pero aún no han conseguido acercar las mentales. Por eso el Deportivo
resulta fundamental en estos momentos. El Deportivo vende Galicia, A Coruña.
Es una bandera que nos distingue y enorgullece, afirma.
Como su club de fútbol, Cristina Saavedra también vende Galicia
y deportivismo: Muchos se extrañan de que les diga la alineación
del Deportivo. Después de la final del Bernabéu, tuve una bronca
con un grandísimo amigo mío: Si ganara el Madrid, estaríais
bombardeándonos las 24 horas del día, le dije. Yo admito
que el Madrid tiene más seguidores que nosotros, pero no la tiranía
de las audiencias.
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