El deportivismo vive un tiempo de distinciones. Y ya han pasado catorce años
desde que el club coruñés viró en redondo hacia un nuevo
rumbo, catorce años desde que sobrevivimos al naufragio de Segunda B.
Ahora vivimos un tiempo de reconocimiento, como si una era de sol marcase el
periplo actual de la escuadra blanquiazul. En apenas un mes, la Federación
Internacional de Historia y Estadísticas de las competiciones FIFA cataloga
al Deportivo como cuarto equipo del mundo; la revista CAMBIO 16 galardona a
la sociedad deportivista como mejor club del año y el Gobierno gallego
concede la máxima distinción de la comunidad, la Medalla de Oro
de Galicia, a la entidad blanquiazul. Si estos tres galardones responden a un
ámbito internacional, nacional y autonómico, respectivamente,
la Asociación Neria ha puesto el acento comarcal con la entrega al presidente
Augusto César Lendoiro del premio Faro da Costa da Morte.
Hace catorce años, la goleta deportivista no tenía velas ni caja
de caudales. Entonces éramos conscientes de las dificultades que nos
pondrían los rivales sobre el terreno de juego, pero todavía nos
sorprende el grado de belicosidad con que se nos ataca desde algunos sectores
de la propia ciudad coruñesa. De fuera vendrán y nuestra
cerveza beberán, decía el anuncio de una conocida marca
gallega, pero también han venido a este finisterre para admirar el boom
deportivista como si de un milagro de ermita se tratase. Nuestro mérito,
sin embargo, radica en que no pertenecemos a otra cofradía distinta que
a la de Nuestro Señor del Buen Trabajar y Mejor Gestionar y los adversarios
han sido testigo de que hemos peleado noble y humildemente en todos los estadios
con la quinta parte de los recursos que poseen los clubes poderosos.
Ahora volvemos a iniciar una nueva singladura, la temporada 2002/03, con cinco
títulos en la bodega, la posibilidad de obtener el sexto en una nueva
eliminatoria de Supercopa, y la sana intención de incorporar, por fin,
30.000 abonados a nuestra marinería. Así es que antes de zarpar,
acudiremos a Santiago de Compostela el 25 de julio, nos pondremos nuestras mejores
galas y todos juntos, simbólicamente, nos colgaremos la Medalla de Oro
de Galicia en la pechera.
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