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 Mis alegrías en azul y blanco
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Mis alegrías en
azul y blanco

Cristino Álvarez
RCD

Tendría que remontarme a mi ya lejana adolescencia, a mis tiempos de bachillerato en los Salesianos, para recordar la primera gran alegría blanquiazul que viví ‘en directo’, en Riazor, con la espada de Damocles de la entrada en el colegio apenas minutos después de que acabase el partido; entonces, íbamos al colegio también los domingos por la tarde, a una función religiosa, primero, y a ver una película, después.
Pero aquel día... El Deportivo de los Amancio, Veloso, Jaime Blanco, Fernando Mendoza, Manín, Aurre, Pegaso, Emery, Pampols y demás recibía en casa al que por aquella época era el más odiado de los rivales: el Valladolid, causante directo del anterior descenso a Segunda, bastantes años antes. Deportivo -nadie le llamaba entonces ‘Dépor’- y Valladolid se jugaban a una carta el ascenso. Riazor estaba, claro, a tope. El tiempo pasaba, y el marcador no se alteraba. Nosotros -mis compañeros de clase y yo- echábamos fugaces ojeadas al reloj, calculando el tiempo que teníamos. Por fin... gol. Estábamos en Primera. Y de Riazor a los Salesianos, ‘playa a través’, sorteando obstáculos tan imponentes como la Coraza, el edificio de Cervigón... Pero el Deportivo volvió a Primera, y nosotros llegamos a tiempo al colegio.
La verdad es que, siendo aún niño-niño, viví otro día excepcional: el primer ‘Teresa Herrera’ que se quedó en casa.




Por entonces, mi padre se encargaba de la organización del torneo que él había fundado con el apoyo de Francisco Jiménez de Llano (‘Franjilla’) y Enrique Mariñas. Estaba previsto que lo disputasen el Atlético de Bilbao -en aquellos tiempos no podía llamarse Athletic Club- y un ‘grande’ de Europa, el Stade de Reims. A pocos días del partido, los franceses se dieron de baja. Tras frenéticas gestiones, se apeló, por primera vez, al Deportivo. Recuerdo que jugaba de portero Otero, y que en la delantera estaba Pahíño; no estoy seguro de si también jugaron Arsenio, Lechuga y Tino, pero creo que sí. El Bilbao, entonces, era un equipazo, cuya alineación nos sabíamos todos de memoria.
Riazor no tenía iluminación artificial, y los 90 minutos y la media hora de prórroga terminaron en empate. No había ‘penaltys’, de modo que se debía seguir jugando: prórrogas de diez minutos, que acababan automáticamente con el primer gol. Lo marcó Pahíño: el Deportivo ganaba su primer ‘Teresa Herrera’, el que está justo a la entrada de la cafetería del ‘Playa Club’. Aquel niño era tremendamente feliz ese día... como lo fue cuando, en esa temporada del ascenso, y ya sin Amancio -traspasado al Real Madrid-, ganó otro ‘Teresa Herrera’ vapuleando nada menos que al poderosísimo Benfica de Eusebio, Coluna, Costa Pereira y demás fenómenos.


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