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La peregrinación deportivista a Madrid partió de madrugada desde
diferentes puntos de la capital herculina. El grueso del convoy blanquiazul,
compuesto por unos 150 autobuses, salió de A Coruña de forma escalonada.
Para evitar que la A-6 sufriese un colapso de dimensiones bíblicas, se
estableció que los buses partiesen en grupos de dos o tres con un intervalo
de tiempo suficiente para no formar una caravana. La llegada a Madrid se produjo
entre las 12.00 y las 13.00 horas del 6 de marzo. No hace falta decir que los
vehículos fletados con motivo del evento copero fueron engalanados con
todo tipo de símbolos deportivistas. La gran marcha tiñó
la noche mesetaria de azul y blanco.
A la afición deportivista que se desplazó por carretera desde
A Coruña, unos 8.000 seguidores, se le unieron otros veinte autobuses
procedentes de otros puntos de Galicia, como Ourense y Pontevedra. Todos confluyeron
en la Casa de Campo, donde a partir del mediodía comenzó a sonar
la gaita y a ondear la bandera gallega, tal como recoge la imagen inferior.
Poco a poco, los seguidores deportivistas fueron tomando el pulso a las calles
de Madrid. En la imagen superior, un grupo de aficionados dan rienda suelta
a su alegría en la mismísima Puerta del Sol, el kilómetro
cero, después de siete horas de viaje.
Tras los aficionados, el monumento al oso y el madroño, los dos grandes
emblemas de la comunidad de Madrid. Había llegado el momento de cantar
Sí, sí, sí, estamos en Madrid y ofrecer un
nuevo ejemplo de
civismo.
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