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Me estoy acordando ahora de aquella tarde loca de Carnaval,
cuando Paco González viajaba con su juventud a los años cincuenta
para recuperar lo que la historia llamó Maracanazo. Seguramente, no se
daban idénticas circunstancias, cierto que eran otros tiempos, el fútbol
caminaba por senderos distintos a los de hoy, pero esta noche el Depor luchaba
contra demasiados gigantes, el centenario, la psicosis madridista de victoria,
el agobio inevitable del triplete, el sonido de un lugar que no era el suyo
y, casi con toda seguridad, la palabra de todos los que decían saber
de esto. Y mira por dónde, un 6 de marzo del año capicua, la víctima
supuesta se levantó de los pronósticos para repetir el mismo trofeo
en el mismo lugar, con el frío que venía del norte ocupando el
lugar que aquel día protagonizó el vendaval. Con el Depor nunca
sabes qué te vas a encontrar, si el equipo contagiado del espíritu
gallego proclive al derrotismo, o ese otro grupo de nombres y de hombres seguros
de que, si sales a ganar, el fútbol siempre te ayuda a acortar las distancias
anímicas y deportivas. Hoy, emergió, cuando más lo necesitaba,
el espíritu de la vieja señora y ni siquiera ese triplete que
viajaba en un seguro millonario fue capaz de romper el sueño de esos
miles de locos maravillosos que cerraron los ojos, le hicieron un regate al
trabajo y enlazaron La Coruña con Madrid por una autopista azul y blanca.
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A estas horas, esa ciudad que llamaban de cristal, en la que dicen que nadie
es forastero, vuelve a cantar otra vez ese Aúpa Depor triunfal al que
ya se está acostumbrando Lendoiro.
Han pasado todos por aquí, los vencedores y los vencidos, la cara y la
cruz de la fiesta. Irureta sacó del alma su pizarra para explicar a qué
te obliga saber de estas cosas.
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