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Sergio Barriocanal
MARCA
Hay presidentes a los que la experiencia les supone
un valor añadido. Para muestra, la de Augusto César Lendoiro y
su jugada maestra en la noche de ayer.
El dirigente deportivista fue el que pidió a Irureta que le transmitiese
a Fran que se cambiara de campos en el sorteo arbitral. El motivo es que Lendoiro
quería romper la costumbre madridista de atacar primero al fondo norte
y terminar el partido volcado sobre el fondo sur del Bernabéu. Dicho
y hecho. Fran llegó al sorteo y cumplió las instrucciones. Al
descanso, 0-2 y el partido encarrilado.
Irureta no quiso desvelar en principio el artista de la táctica psicológica,
pero al final no lo pudo evitar y le atribuyó al presidente sus méritos.
Lendoiro reconoció con buen humor que conocer tanto el fútbol
puede servir de algo y que se logró incomodar al Real Madrid.
Lo cierto es que al Dépor le fue de miedo atacar desde el primer minuto
en la portería en la que se encontraba con su afición de cara.
Sergio montó el primer capítulo de la fiesta y Tristán
remachó la faena.
Cuando se enfocaba a Lendoiro se le veía botar nerviosamente en el palco.
Por dentro iba el regusto de quien había dado una baza de viejo zorro
de las costumbres a su equipo. La psicología también juega.
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