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La llegada al estadio Santiago Bernabéu,
estación última de destino, se revela como un acontecimiento único
y festivo. La cita con la final se aproxima. Cada vez está más
cerca la hora de la verdad. Casi se huele la hierba del césped. Es el
momento de sacar a relucir todo el repertorio de cánticos y mostrar los
estandartes. Cada aficionado, en su interior, alberga la esperanza de una victoria.
Ya se nota un hormigueo en el estómago. Aficionados de todas las edades
persiguen el mismo fin: animar a su equipo en pos de la victoria. Buena parte
de los seguidores deportivistas han utilizado el metro para acercarse hasta
el recinto madridista. Cuando salgan a la superficie, tendrán ante sí
una inmensa mole de hormigón. Entre todos suman 25.000. Buena parte de
los expedicionarios ya realizaron ese mismo viaje siete años atrás.
Tienen un buen recuerdo: aquella final de Copa celebrada en junio de 1995 supuso
el primer título para un equipo gallego.
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