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Conozco desde hace años a Lendoiro y, aunque disimule,
no le llega la camisa al cuello. Hace tiempo que he descubierto también
al otro Florentino y, pese a que la apretada agenda le tiene preso en las últimas
veinticuatro horas, vive sin vivir en él.
Es la magia del fútbol, el poder de un partido especial, la pasión
por un deporte que no tiene antídoto posible. Y lo mejor para los que
disfrutamos desde niños con él es que estamos como cuando nos llegaban
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los Reyes en Navidad. Contentos, eufóricos, contando las horas para que comience
el partido.
Lo dijeron los admiradores de Maradona en su día, los que veneraban al
Maradona cuerdo y centrado, al Maradona idolatrado: Hoy es domingo porque
juega Maradona. Pues eso, hoy es domingo porque juegan los mejores equipos
de Europa que son de aquí, nuestros, y con la solvencia suficiente para
hacernos disfrutar.
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¿Se arrugará Irureta en el gran día? No creo. Todo lo contrario.
Proteger el centro del campo con Mauro Silva y Duscher o Sergio es garantía
de libertad para Valerón, Fran y Tristán.
La seguridad que ofrecen Molina, Naybet o Scaloni en defensa es una prueba definitiva
para el instinto mortal del Madrid en ataque. Sí, es como una partida
de ajedrez pero a lo grande. Con peones de mil millones, alfiles de cinco mil
y reinas de diez mil. Así es.
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