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Se ha dicho, y se dice, que la de los
tintos es la asignatura pendiente de los vinos gallegos. Naturalmente, hay voces
discrepantes, que creen que ya hay tintos de muy buen nivel. Y los hay, ciertamente.
Con sus características propias, y con sus propias limitaciones. Para
ver qué hay de cierto en todo ello, esta vez el equipo de cata del Playa
Club se ha centrado en algunos de los vinos tintos de Galicia más representativos,
los que al menos entre expertos más suenan. El panel de vinos probado
ha sido amplio, de hasta diez etiquetas en las que están representadas
todas las Denominaciones de Origen de Galicia.
Las opiniones han sido las de gentes expertas en nuestros vinos: Eduardo Gago,
actual presidente de la Asociación de Sumilleres Gallaecia;
Luis Padín, secretario de la misma agrupación; Luis Moya, ahora
vocal para la provincia de La Coruña de este grupo, y Antonio Calvo,
sumiller que, tras una amplia y formadora etapa madrileña, está
al frente de esa gran tienda de vinos que tiene en la coruñesa calle
de San Agustín la Cooperativa de Hostelería de La Coruña.
Además, como siempre, el presidente del Panel de Cata, el sumiller madrileño
Luis Miguel Martín y, en funciones de secretario, pero con voz y voto,
Cristino Álvarez.
A diferencia de lo que hicimos con los Albariños en el número
uno de RCD, esta vez hemos mezclado diversas D.O., lo que quiere decir que hay
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elaborados con uvas muy diferentes. Eso sí, todos son de 2000: no hemos
entrado a valorar las experiencias con madera, con pequeñas o grandes
crianzas. La impresión general, es, desde luego, positiva: hay vinos
tintos gallegos bastante considerables. Debemos pensar, y así lo expresó
el equipo de catadores, que se trata de vinos jóvenes, de un clima difícil
y de unas variedades muy particulares; vinos que se explican muy bien en su
juventud porque están pensados para eso, para vinos jóvenes. Naturalmente,
predomina ese verdor, esas notas frutales, esos puntos de acidez que, sin ser
para nada excesivos, no dan un perfecto equilibrio con la, por lo general baja
para lo que hoy se lleva, graduación alcohólica.
En escena está un tinto de la D.O. Rías
Baixas; otro de la D.O. Monterrei; dos de la D.O. Ribeiro; tres de la D.O. Ribeira
Sacra, y tres de la D.O. Valdeorras. El jurado valoró especialmente
la tipicidad de los vinos catados, y muy en particular los empeños de
salirse de lo trillado, de jugar con variedades de uva que, durante muchos años,
estuvieron olvidadas en pro de otras mucho más rentables en cantidad,
pero no en calidad.
Esta vez acudimos al sistema de evaluación directo, con puntuaciones
sobre un teórico máximo de cien puntos. Se hizo un esfuerzo para
centrar esas puntuaciones en el marco real de los tintos gallegos
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