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La final se jugó el sábado por la noche y se interrumpió
hasta el martes. ¿Cómo fueron los días y las horas previas
a la reanudación?
Estuvieron marcados por la improvisación. Incluso nos tuvo que dejar
ropa la Federación. Y entrenamos en la Ciudad Deportiva. Arsenio supo
mantenernos en tensión, pero ni los más optimistas pensaban que
aquello podía resolverse antes de la prórroga.
Y el gol de Alfredo mitigó el penalti de Djukic.
Sólo en cierto modo. La desgracia del penalti tuvo su mayor recompensa
seis años después, con el título de Liga. Tarde o temprano,
el fútbol hace justicia.
Usted ocupa uno de los altares mayores del deportivismo desde 1995.
Y estoy orgulloso, pero la afición también me quiere por mi forma
de ser. El
gol de Alfredo sirvió para que un equipo, un equipo excelente, recogiese
un premio que merecía con creces. Manjarín, por ejemplo,
marcó el primer tanto y ejecutó el centro del segundo. ¿Quién
tiene más mérito? Todo el equipo.
¿Fue su gol más importante?
Uno de los más importantes, seguro. Conservo la camiseta, enmarqué
la fotografía del gol y guardo los recortes de prensa que se publicaron
sobre aquella final.
¿Estará en el Santiago Bernabéu el 6 de marzo?
Sí. Seguiré el partido como comentarista para una emisora gallega.
¿Qué opciones tiene el Deportivo?
Todas. El rival es difícil pero no invencible. Cuenta con la ventaja
de que juega en casa, pero el Deportivo ha demostrado que es capaz de sobreponerse
a las situaciones más adversas. La victoria de Balaídos constituye
un ejemplo muy cercano. El conjunto dirigido por Javier Irureta tiene calidad
y capacidad para pelear hasta el último segundo en las tres competiciones.
Usted ya sabe lo que es ganar una final de Copa contra el Real Madrid y
en el Bernabéu.
Ganamos 2-0, con tantos de Futre y Schuster. Fuimos de víctimas y realizamos
un grandísimo partido. Donato también jugaba en aquel equipo.
Curiosamente, yo compartí cuatro campañas y media en el Atlético
y otras tantas en el Deportivo con Donato.
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Y siguen jugando al fútbol.
Yo tengo 34 años y estoy en el Pegaso. Él, con 39, continúa
en el Deportivo. Donato está hecho de otra pasta y me hace una gran ilusión
verle. Es difícil abandonar el fútbol mientras te sientas con
fuerzas y sigas disfrutando sobre un
terreno de juego.
¿Suele desplazarse hasta La Coruña?
Mi hijo
nació en La Coruña, que es mi segunda casa. Cuando regreso, suelo
visitar a mi amigo Nando y también a la gente del equipo, aunque
cada vez quedan menos compañeros de la época en que yo jugaba
en el Deportivo.
Alfredo intenta no ponerse nostálgico. Reconoce que con el Deportivo
disfrutó del fútbol, de la ciudad y sus gentes. Como él
mismo dice, el balón es justo. A él, un trabajador del balompié,
sin talento de estrella pero con voluntad de hierro, le eligió la historia
para escribir una de sus mejores páginas.
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