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Alfredo Santaelena Aguado tramitó su ingreso en el templo de los héroes
deportivistas el pasado 27 de junio de 1995. Sólo habían transcurrido
un par de minutos de la reanudación de la final copera cuando el carrilero
deportivista marcó el tanto que supuso el primer título para el
fútbol gallego. Así nació el que sería bautizado
como El gol de Alfredo. Siete años después, el Deportivo
vuelve al escenario de los hechos, el Santiago Bernabéu, para disputar
el mismo título y escribir la segunda parte de la historia. Esta vez,
Alfredo ejercerá de cronista en una cabina de radio.
¿Le siguen recordando el gol de la Copa del 95?
Muchas veces. Sirvió para que el Deportivo lograse su primer título
y Galicia también, puesto que ningún club de la comunidad gallega
poseía un torneo oficial hasta ese momento. Es lógico que el aficionado
tenga grabado aquel tanto en la memoria.
Recuérdele el gol a la hinchada.
Fue un centro de Javi Manjarín por banda izquierda. El balón venía
muy alto y yo estaba demasiado cerca de la portería como para controlarlo
con el pecho. Entré al segundo palo. Vi
la salida de Zubi. Fui con todo y me llevé un puñetazo. Pero el
balón se alojó en la portería.
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Y el deportivismo estalló de alegría.
Como si nos poseyera una inmensa alegría. Lo que aconteció aquel
día y los posteriores resulta indescriptible. La gente nos paraba por
la calle para besarnos. Todavía
me acuerdo de una señora que me detuvo en plena calle, mientras paseaba,
para venerarme como si fuera un dios. Yo había ganado dos Copas
con el Atlético, y eso que el Atlético tiene una afición
entregadísima, pero la celebración de la victoria del 95 fue diferente
a todo.
Quizá porque el contexto en que se desarrolló el partido fue
tremendo: estaba en juego el primer título, precisamente contra el Valencia,
tras suspenderse el partido por la tormenta.
Nunca había visto llover tanto en Madrid. Manjarín, que es asturiano,
vaticinó la tormenta y no le hice caso.
¿Cuándo pronosticó Manjarín el aguacero?
Recuerdo que estábamos viendo uno de esos partidos de cadetes entre selecciones
cuando miró al cielo y dijo: Va a caer una tromba de cuidado.
Entonces le contesté: Estás equivocado, aquí no llueve
como en Coruña. Después de la tormenta, Javi me recordó
la conversación.
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