Si el Madrid tiene ocho Copas de Europa, el Dépor
ha sobrevivido a ochenta naufragios.
Si el Real Madrid y el Barcelona son la aristocracia del fútbol español,
el Deportivo es el príncipe de los humildes. Un Robin Hood del balompié
que se rebela desde el territorio más remoto, el finisterre atlántico,
para romper la dictadura de los grandes en forma de títulos y ganarse
la simpatía de los aficionados. Sólo así puede entenderse
que en un espacio de siete años, el tiempo que transcurre entre junio
de 1995 y marzo de 2002, haya logrado completar el círculo más
hermoso: la conquista de los tres títulos oficiales, Liga, Copa del Rey
y Supercopa, que se disputan en España. Ni siquiera diez equipos pueden
ofrecer una cosecha semejante a su hinchada y, de éstos, únicamente
el Deportivo corre con la representación de la comunidad gallega. Sin
el respaldo financiero de los emporios ubicados en la capital de España
o en Cataluña, ni el apoyo mediático centralista y centralizado
que disfrutan el Madrid o el Barcelona, el club coruñés ha ganado
en los terrenos de juego el reconocimiento de sus competidores.
El Deportivo regresa el 6 de marzo al escenario donde
consiguió su primer título para disputar, como entonces, la Copa
del Rey. Se trata de una cita cargada de emoción, porque supone rememorar
las horas previas y posteriores a la tormenta que inundó Madrid aquella
noche del 24 de junio de 1995. Pero también es un reto a la medida de
nuestro club, históricamente acostumbrado a jugarse la vida en una partida.
Todavía está por escribir el libro de los desafíos que
el destino le ha preparado al Deportivo: un descenso a Segunda B evitado en
el descuento; un ascenso a Primera en el último partido tras un incendio;
una Liga perdida, de penalti y en el último minuto o una Copa ganada
con el permiso del dios del trueno.
Esta vez, los hombres de Irureta tendrán que medirse al dueño
del estadio Bernabéu, el día de su Centenario, en un país
que se declara madridista al 60 por ciento. La final se presenta como un cheque
en blanco, como si el equipo blanquiazul fuese un convidado de piedra en los
festejos.
Esa final con todo en contra sólo puede lucharla el Deportivo, un cascarón
forjado por los embates de A Costa da Morte... porque si el Madrid tiene ocho
Copas de Europa, el Deportivo ha sobrevivido a ochenta naufragios.
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