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El enemigo interior
En fútbol suele decirse que cuando un equipo juega bien, mejor no tocarlo. Es un pensamiento lógico y sensato, ya que cuesta mucho ensamblar un colectivo, dotarlo de un estilo y mantener un equilibrio entre los que vienen y van. En este fútbol de intermediarios y subasteros, cada día cuesta más asentarse en un club y quererlo. Incluso hay futbolistas que no llegan a enamorarse nunca de su propio escudo.
Con todos sus defectos y errores, el Real Club Deportivo todavía conserva dos virtudes cada vez más excepcionales en el fútbol; estas son la paciencia y la confianza en un grupo de profesionales. Pero más insólito todavía es la incompetencia atribuida a la plantilla deportivista durante los cuatro meses transcurridos desde la semifinal de la Champions. Sólo un periódico influyente como La Voz de Galicia puede inocular tanta desconfianza en tan poco tiempo. Si el fútbol es un estado de ánimo, como suele decirse, La Voz trabaja a destajo para fomentar el desánimo. Como mínimo, el deportivismo y el conjunto de la opinión pública deben tener constancia de esta persecución, y por ello el Club ha decidido lanzar su propio grupo de medios. Una ciudad que presume de liberal y democrática no puede someterse a un periódico que justifica la coacción y la mordaza.
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