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  Domingo 05/02/2012 22:53
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 Editorial
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Para que siga la magia

Eran, más o menos, las diez y media de una noche que jamás olvidará ningún deportivista. La del Miércoles Santo de 2004. Fran conectaba un disparo que acabó en la red de la portería defendida por Dida. Era el 4-0... al Milan, a los ‘rossoneri’ de Cafú, Kaká, Maldini, Nesta, Inzaghi, Sevchenko... al mejor equipo del mundo, según decían. Qué bonito que fuera Fran, el gran capitán, el hombre que empezó a jugar en el Dépor cuando aún no se llamaba Dépor, cuando era, para nosotros, el Deportivo, y para el resto de España, el Coruña. Por primera vez, el Deportivo en semifinales de la más prestigiosa competición de clubes del mundo. ‘Dios se vistió de blanquiazul’, ‘Milagro en Riazor’, ‘Héroes’... fueron algunos de los titulares con los que la prensa saludó una nueva gesta de nuestro Dépor.
¿Milagro? Pues... no. Fruto de una tarea bien hecha, bien planeada, bien pensada, bien ejecutada. Fue una noche de júbilo para todos los que sentimos en azul y blanco. No la única, desde luego; quizá, con la liga del 2000, las Copas del 95 y (sobre todo, por tenerlo todo en contra) del 2002, con aquella remontada ante el PSG, con los triunfos en Old Trafford, en Highbury, en San Siro (en realidad se llama Giuseppe Meazza), en Delle Alpi, en el Olimpiastadion de Munich, las mayores alegrías de una afición sufrida, pero siempre entusiasta. Qué lejos, pensaba yo al salir, exultante de felicidad, de Riazor la noche mágica del Milan, aquel gol de Vicente contra el Racing de Santander que salvó al Deportivo de hundirse por segunda vez en su historia en Segunda B; qué lejos, también, aquel partido del ascenso contra el Murcia, cuando se incendió la cubierta de Preferencia; qué lejos, incluso, la desilusión del 94... Pero que no me hablen de milagros. Como dijo en una ocasión don Camilo José Cela, lo mejor es que la inspiración le pille a uno trabajando.
Y otra cosa no, pero el actual Deportivo es fruto del trabajo. De la planificación, de la confianza, de la seguridad de un proyecto. Hoy sufrimos por perder ante el Manchester United o el Milan. ¿Ya no nos acordamos de cuando sufríamos por perder contra el Eibar, el Sestao o el Sabadell? No; no nos acordamos, y es bueno. Pero quizá sea ahora, en la alegría de llegar adonde nunca habíamos llegado, y adonde tan pocos clubes españoles lo han hecho, cuando tengamos que pensar en cómo es posible que el equipo de una ciudad que sólo roza el cuarto de millón de habitantes, con cuyo presupuesto total no podría pagar lo que otros pagaron por jugadores llamados ‘galácticos’, sea capaz, hoy por hoy, de estar donde ya quisieran estar el Real Madrid, el Barcelona, el Valencia y no digamos el Atlético de Madrid. Ellos no han podido; nosotros, sí. Pero si remontar el 4-1 de Milán no es un milagro, poder hacerlo sí que lo es. Hoy, el fútbol necesita dinero. Mucho dinero. Y hay que conseguirlo. Recordemos que el Real Madrid se gastó 10.000 millones de pesetas (el presupuesto del Dépor ese año era menor) en fichar a Figo. Que ese mismo equipo contó con la complicidad del Ayuntamiento de Madrid y de su Comunidad Autónoma para enderezar su situación financiera. Que el Barça tiene detrás, siempre, a la principal entidad financiera de Cataluña. El Dépor cuenta, si no con la hostilidad, sí con la indiferencia de un Ayuntamiento que parece ignorar que si se conoce a La Coruña en el mundo no es por la Torre de Hércules, sino por un equipo que viste de blanquiazul y juega en Riazor; las entidades financieras gallegas lo ignoran. Pero, con todo y contra casi todos, ahí estamos.
Y se supone que queremos seguir estando. Para ello hay que apoyar. Ya, ya sé que en Riazor apoyamos todos, que el mejor patrimonio del Deportivo es su afición. Pero esto no puede durar si no apoyamos también de una forma más prosaica, menos emocionante, pero más efectiva. Riazor, la incomparable afición de Riazor, es capaz de llevar en volandas al Dépor en sus noches mágicas; pero ahora se trata de apoyar al equipo de nuestra vida, de nuestro corazón, una gris mañana de primavera. Sin gozar de los goles de Pandiani o de Luque, ni del fútbol arte de Valerón, ni de la calidad de Andrade, ni... No. Se trata de ir a La Marina y suscribir esa ampliación de capital que es imprescindible para que el Real Club Deportivo de La Coruña siga ahí, siga siendo un grande de España y un grande de Europa. Después de todo, no es más que dinero. Tampoco tanto, y encima se nos devolverá en el precio de los abonos. Pero si el Deportivo necesita que todos echemos una mano a la cartera, no queda más remedio que hacerlo. Una afición que equivale a que el Real Madrid tuviera medio millón de socios, que no los tiene, es capaz de responder a la petición de Augusto César Lendoiro. Para jugar en Old Trafford, para silenciar el Bernabéu: te necesitamos. Sabemos que no nos vas a fallar. Porque vives con el Dépor, porque tú sueñas en azul y blanco, porque estás orgulloso de tu equipo y quieres seguir estándolo. El Deportivo ya te ha demostrado, muchas veces, lo que es capaz de hacer por ti; demuestra tú ahora lo que estás dispuesto a hacer por el Deportivo.


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