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La cita con el entrevistado se produce en la última habitación del pasillo. El escenario de la charla, el Hotel Finisterre, resulta muy confortable. Hay que estar cómodo para realizar un buen ejercicio de memoria, pura gimnasia metal en forma de recuerdos, saltos hacia el pasado y conclusiones matizadas por el equilibrio del tiempo.
RCD: ¿Cómo se convirtió en directivo?
FM: Nada más acceder a la presidencia del Club, en 1988, Augusto me pidió que fuese a su despacho. Recuerdo que estaba acompañado por Lolo Montiel cuando me soltó de sopetón: “Eres el tesorero del Deportivo”.
RCD: ¿No pensó en lo que se le venía encima?
FM: Asumimos un Club catalogado como inviable por cualquier análisis financiero mínimamente objetivo.
RCD: ¿Por qué aceptó entonces el reto?
FM: Porque el presidente Lendoiro tenía un sueño para ese Club y yo quería participar en él. Desde el primer minuto traté de vivir y comprender el sueño del presidente. Yo, que era el único directivo ajeno al mundo del fútbol, le dije entonces a mi amigo Mario Martínez Jaspe que algún día ganaríamos la Liga. Creyó que estaba loco y no le critico por ello, ya que el Deportivo acaba de evitar un descenso a Segunda B. Ahora me pregunto qué hubiese soñado Lendoiro para La Coruña.
RCD: ¿Por qué lo dice?
FM: No hay más que comparar el declive de La Coruña con la pujanza experimentada por el Deportivo en la última década. Se han cargado el puerto pesquero, que era uno de los grandes motores de la ciudad, por no hablar de la Fábrica de Armas o de la de Tabacos.
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¿Vamos a competir con Marbella o Mallorca como sede de embarcaciones deportivas? El tejido administrativo se trasladó Santiago, el militar hace tiempo que está en caída libre y el industrial prácticamente no existe. No hay más que construcción y una escalada terrible de precios por metro cuadrado. Cuando explote la burbuja inmobiliaria, nos quedará mucho tiempo libre para hacer ejercicio por el Paseo Marítimo o montar en tranvía.
RCD: Al coruñés siempre le ha gustado pasear.
FM: Nunca he creído totalmente en el dicho Santiago reza, Vigo trabaja y La Coruña se divierte. ¿Por qué La Coruña tenía fama de ciudad alegre? Porque la gente trabajaba, contaba con unas expectativas económicas de desarrollo, y eso generaba optimismo y capacidad para el disfrute. La ciudad ha perdido mucho peso últimamente por la nefasta filosofía que han aplicado sus gobernantes. El Deportivo, como he dicho, tomó la dirección contraria. Y eso que nos pusieron todas las barreras habidas y por haber en el camino.
RCD: ¿A quién se refiere?
FM: Al Ayuntamiento, a La Voz de Galicia y a determinados sectores de la ciudad arrastrados por los primeros. Si pudieran contarse las zancadillas que hemos tenido que superar durante todos estos años, se montaría un escándalo de dimensiones incalculables. Si promovemos una Ciudad Deportiva, nos llevan al juzgado. Si tratamos de construir el mejor estadio del mundo, ni siquiera nos reciben para conocer el proyecto. Recuerdo que se llegó a decir que alguno de nosotros tendría que marcharse de la ciudad.
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