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En la frontera de su territorio natal, la plaza del Humor que precede a la de España y acoge a los grandes galleguistas, reflexiona Pachi Dopico. Entre el galleguismo universal de Vicente Risco o Álvaro Cunqueiro y el deportivismo universal que representa el actual Consejo, Dopico piensa, medita, opina y recuerda.
RCD: ¿Cómo se embarcó en la aventura deportivista?
PD: No se me olvidará jamás. Estaba en la cafetería Puerta Real, jugando al ajedrez, y apareció Augusto con Paty Blanco. Entonces se acercó la dueña del local y me dijo: “El señor Lendoiro quiere hablar contigo”. Justo cuando iba a levantarme, Augusto me pidió que finalizara la partida. Esperó a que acabara para pedirme que participara en su proyecto. Quería hacer un equipo con gente del fútbol aficionado de diferentes áreas de la ciudad, y yo estaba muy vinculado a la zona de Monte Alto y la Ciudad Vieja. Consulté la propuesta con mi mujer y con la directiva del Deportivo Ciudad. Ambos me respaldaron y a las 24 horas dí el sí. Guardo en la memoria la dureza de las primeras semanas, marcadas por la falta de liquidez y las deudas.
RCD: ¿Pensaba entonces en un Deportivo campeón?
PD: Ni por asomo. Reflotar el club y ascender a Primera eran los objetivos inmediatos. Sólo el hecho de mantenernos en la máxima categoría era un sueño.
RCD: ¿Cree que hoy se valoran los éxitos?
PD: En la propia ciudad,
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lamentablemente, no existe unanimidad sobre este asunto. La demostración de cariño y de reconocimiento resulta mucho más evidente fuera de Galicia. Hay coruñeses que sólo presumen de equipo en el exterior, pero lo más pernicioso es ese sector que no acaba de entender el papel que ha que desempeñado el Deportivo en los últimos años.
RCD: ¿A qué sector se refiere?
PD: A los del no, a los que esperan que el club entre en barrena. Estamos al margen de los intereses partidarios, no nos pueden controlar y eso molesta. Dijimos desde el principio que con el Deportivo no se juega porque es una institución donde caben todos, sean de la ideología que sean. Pero hay quien quiere pasarle factura al Lendoiro político.
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