Para la mayor parte de los consejeros deportivistas, gente curtida en el fútbol modesto y en los guateques amenizados por la música del Dúo Dinámico, Quince años tiene mi amor no puede ser una canción cualquiera. Hoy por hoy, el título del popular tema sesentero incluso podría servir de lema a su reciente XV aniversario. En junio de 1988, el Deportivo volvió a nacer tras una campaña marcada por el fantasma de la Segunda B en la que se contabilizaron cuatro presidentes y tres entrenadores. El proceso electoral que dio lugar entonces quizá parezca un esperpento valleinclanesco desde la óptica actual. No se arredren. En este número nos hemos tomado la molestia de recuperar aquellas elecciones tal como fueron reflejadas por los diarios. Es un regalo para los jóvenes sobrados de autoestima pero ignorantes del pasado reciente; para los amnésicos del ayer y los ventajistas de siempre; para los medios de comunicación, que así podremos regodearnos con la desgracia, periodísticamente tan rentable; para los que perdieron sus prebendas y han tenido que padecer estos quince años de éxito. Pero sobre todo es un homenaje a los aficionados que siempre han llevado al Deportivo en su corazón sin pedir nada a cambio, es decir, para los seguidores que saben apreciar y saborear estos buenos momentos.
La primera consigna de la directiva entrante fue la divisa de un perseguido: El Deportivo camina o revienta. Pararse, detenerse o amedrantarse significaba el principio del fin. La mayor grandeza de estos años es que el Deportivo se ha reinventado a sí mismo sin perder la estela de su historia ni la corona de su escudo. Desde 1988 ha crecido robusto ganándose el cariño de la ciudadanía hasta convertirse en el emblema más importante de nuestra geografía. No se trata de pedir plazas o avenidas para los responsables de este milagro. Ahí está la fotografía de uno de los candidatos a gobernante blandiendo orgulloso la camiseta blanquiazul; o la cuarta temporada consecutiva en Champions, esta vez como cabeza de serie y con un coeficiente superior al del Milán; o la presidencia del G-12 que también integra al Real Madrid y al Barcelona. Ahí está.
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