La inversión económica que requiere una obra de esta envergadura
obliga a superar la corrección arquitectónica: el objetivo es
levantar un icono que pueda rentabilizarse por sí mismo y erigirse en
centro de peregrinación incluso cuando no albergue acontecimientos deportivos.
Una nueva generación de estadios florece a lo largo y ancho de los cinco
continentes. ¿Qué tienen en común el Busan de Corea, el
Domo de Japón (Asia), el Sydney Football de Australia (Oceanía)
o el Reliant de Texas (América) con la próxima joya europea encarnada
en el New Wembley? Todos ellos combinan un diseño imaginativo con soluciones
casi de ciencia ficción. El estadio de Busan dispone de una cubierta
móvil que simula un globo terráqueo; el techo del Sydney Football
es un escudo de 1.600 toneladas de acero que protege a los espectadores del
viento austriliano; el Domo de Sapporo, a pesar de su carácter cerrado,
cuenta con un sistema de inyección de aire que eleva y desplaza el terreno
de juego hacia el exterior para que el césped pueda tomar el sol; el
Reliant Stadium dispone de la primera azotea retractable de la Liga NFL y el
Nuevo Wembley contará con una visera de acero de 133 metros, ideal para
proyectar todo tipo de efectos de luz, especialmente durante la noche.
(02) Busan Stadium.
(03) Sydney Football Ground.
(04) Big Eye Stadium de Oita.
(05) Asientos con monitor en el Colonial Stadium de Melbourne.
(06) Fachada del Chelsea Village Hotel en el complejo del estadio del
Chelsea.
(07) Domo de Sapporo.
(08) Vista del Amsterdam Arena.
(09) Salón vip en el Amsterdam Arena.
(10) Zona de grafittis en el Arena.
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