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La tranquilidad de la habitación en la
que el zaguero portugués del Deportivo, Helder Cristovao, recibe un masaje
en las horas previas a la final contrasta con el bullicio de la recepción
del NH Abascal o la animosidad relajada de la cafetería. Fueron muchos
los simpatizantes, amigos, representantes de jugadores o periodistas que se
acercaron hasta el hotel de concentración en que se alojó el conjunto
deportivista justo antes de disputar la final copera contra el Real Madrid.
La sensación de los grandes acontecimientos se palpaba en el ambiente.
Todos querían saber cómo afrontaba el Deportivo de Javier Irureta
su segunda final de la Copa del Rey. Envuelto en su burbuja de lujo, ajeno a
la gran fiesta que preparaba el madridismo antes de saltar al terreno de juego,
los integrantes del plantel blanquiazul velaron armas como quien espera avalanzarse
sobre una presa sumamente confiada. Más allá de los lindes geográficos
de cada habitación, el hotel se tornó en una rueda de prensa.
Cada esquina, cada pasillo y cada pared de la recepción sirvió
para que los técnicos de las cadenas televisivas montaran un estudio
improvisado. Era imposible no salir en la foto, no verse en el telediario de
las tres, no escuchar las últimas declaraciones del entrevistado de turno.

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