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 Los falsos protocolos.
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Los falsos protocolos

Verán ustedes, igual ya lo saben por haberme leído en otras ocasiones, pero para esto del Madrid soy mu bruto mu bruto, como dicen en Andalucía. Así que cuatro cosas que tengo claras, las tengo meridianamente claras e inamovibles. Una de ellas es, precisamente, que la Copa del Rey no es para el Real Madrid, o más exactamente, que en principio no debiera ser para el Madrid. Hay varias razones, y se fundamentan en ideas de índole ético y también en ciertas percepciones históricas.
¿La ética? Mi Madrid siempre lo soñé como a Miguel Indurain: generoso, hábil para repartir los pingües beneficios de las glorias deportivas, que al cabo del año suelen ser bastantes. La así llamada Copa (y que este año coincida con el Centenario y tal no deja de ser una pura contingencia), en ningún caso, debería avivar determinados apetitos, tan egoistones como espúreos. En mi particular código de valores la Copa es eso que ni chicha ni limoná, ni fu ni fa. Más aún: es algo que parece ideal para que se la lleve el Bilbao, el Valencia, o si me fuerzan el Toledo o el Santa Coloma de Gramanet. O, si me acorralan, el Barça. Pero mejor no me pongan a prueba en tal tesitura, pues podría ser muy poco salomónico... No es seria una Copa que puede llevársela o incordiar un equipo de Segunda División, u otros de Primera que arrastran sus penurias por la zona anal de la tabla. El Madrid ha de competir con los de su estirpe, y punto. La Copa, aunque emocionante, y en un caso como el del presente año un bocadito especial

es simple entremés. Nosotros, y pregúnteselo a cualquier madridista mirándole fijamente a los ojos, queremos la Liga... si eso sirve como preámbulo de la Copa de Europa. El resto, con perdón, son migajas. Un nimio protocolo más que hay que cumplir.
¿Y la histórica? Aquí es donde más duele la Copa del Rey, antaño denominada del Generalísimo nauseabundamente. Será que veo esto desde mi conocida perspectiva barcelonesa, pero ya bastante mal lo pasábamos con la copla salerosa de que el Madrid era el equipo del Gobierno, es decir, de Franco, como para también tener que aguantar el bochorno de ver la escenita de los jugadores blancos recogiendo el susodicho trofeo de las manos del Caudillo, tan manchanditas de sangre. ¡Ni hablar! Si ese protocolo odioso era necesario en el Pardo cuando se venía con una copilla de Europa de na, y ello pese a coleccionarlas cual cromos repes, con lo que se agrandaba la imagen de que el Real siempre andaba de lunch y copichuelas con el dictador, lo de su Copa resultaba abyecto. Que después nos cambiasen el regimen, pues qué quieren que les diga. No me hagan opinar. Sí recuerdo, y lo recuerdo a la perfección, que a los muchachotes del norte bilbaínos, también ellos durante largos años coleccionistas de Copas-del-que-mande-en-ese-turno-histórico, nunca, repito, jamás se le cayeron los anillos por subir a restregarse las manitas con el general. Y los del Barça otro tanto: toditos en la foto, semigenuflexos ante Franco.

Entonces, se olvidaban por unos instantes los prejuicios y las ideologías. Pues muy mal. Muy mal que nadie se plantase nunca, o que nadie aprovechara para montar un soberano pollo. ¿Entienden ahora por qué siento un cierto, pero incontenible rechazo, en todo punto instintivo ante esa Copa que en mi opinión habría que dejar disputar a los equipos decididamente menores, y que no se me cabreen, pero basta con dar un somero repaso a los historiales? Esa es mi opinión, y nada vendrá a cambiármela. Que nos gana el Depor, pues mejor para el Depor. Se lo habrá merecido. Otra cosa es Europa. Ahí late ya la llamada de la sangre, directamente. Ahí bulle la responsabilidad histórica y el sentido del honor, que sólo otro igual de grande (es un decir, obviamente: uno que se nos acerque) puede disputarnos una buena lid.
Ahora, si me fuerzan con lo del centenario... no, lo siento. Seguiré pensando que es malo acaparar. Entonces aún nos odiarán más. Así que ese día igual ni miro el partido. O lo hago de reojo. Si ganamos, se me pondrá la cara de bobo chulillo: “Si es que somos la hostia”. Si perdemos tendré muy presente el equipazo que es el Deportivo. De modo que por esta vez, y sólo por esta vez, que gane el mejor.


Javier García Sánchez es escritor. Participa en el libro ‘El siglo blanco’ (Planeta), una publicación de relatos cortos junto a otros diez autores madridistas.


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