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No hay mayor triunfo para un deportista que la
estima del público. Ésta es mi mayor riqueza y a
ella me debo con la lealtad de un guardián. Así
las cosas, no podía dejar pasar la posibilidad de dirigirme
directamente al deportivismo a través de estas líneas. La coincidencia
de mi ampliación de contrato con la aprobación de una
nueva ampliación de capital por parte de la Asamblea de Socios
constituyen el motivo de esta carta abierta. Ambas situaciones
me han movido a sentarme en un escritorio, una faceta
que no es la mía, pero la causa se lo merece. Confío,
por tanto, en vuestra generosidad como lectores.
“Me pedisteis que ampliase
mi contrato y yo os pido
ahora que amplieis el
vuestro con el Club
aumentando el capital”
Cuando el Club me planteó la posibilidad de
ampliar mi contrato, barajé todas las opciones a
mi alcance. El reto que debía afrontar se resume
en una pregunta bien simple: ¿Cómo
ponerle el punto final a mi carrera profesional?
Es decir: ¿Cómo hacer desaparecer
al futbolista que todos conocen y
sumarse a los aficionados que animan
desde la grada? O más simple todavía:
¿Cómo cambiar el pantalón corto
por el largo? Consulté, como suele
decirse, con la almohada. Repasé cada
capítulo de mi trayectoria futbolística,
desde la alegría que representan los títulos
logrados con el R.C. Deportivo o el
campeonato del Mundo que ganamos en
Estados Unidos con Brasil, al sufrimiento
físico y mental que conllevan las lesiones.
La experiencia resultó francamente dura:
es muy difícil tomar una decisión de este
tipo para cualquier profesional que organiza
su agenda diaria en función de un balón.
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