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  santiago de compostela: la historia de Galicia labrada en sus piedras  

Ciudad nacida de un sarcófago. Donde la piedra siente nostalgia de la roca madre, como recordaba Otero Pedrayo. Ciudad asentada entre el monte Pedroso y el monte Viso, entre los arroyos del Sarela y el Sar, comarca a su vez más amplia entre el Ulla y el Tambre. Entre colinas con pequeños castros existió una ciudadela romana, en el Monte Libredón, entre las vías de Bracara-Lucus-Astorga.

Compostela significa "compositum" (cementerio). El subsuelo de la catedral Compostelana en las excavaciones realizadas por Chamoso Lamas entre 1946 y 1954, así como prospecciones posteriores, probaron la existencia de un núcleo romano y una secuencia de enterramientos: restos de las murallas y torres que el obispo Cresconio mandó construir en el siglo XI, para defender "Jacobsland" del furor de los normandos, siguen los rastros del paso funesto de la razzia de Almanzor, buscando destruir esta Meca de la Cristiandad, lo que aconteció en el 997. Más abajo están restos de las basílicas de Alfonso III y de la primera mandada construir por Alfonso II el Casto, que nos remite al mismo tiempo de la aparición del edículo apostólico. Sigue la secuencia de enterramientos de los primeros peregrinos, entre ellos la lauda funeraria de Teodomiro, hasta los primeros niveles que ofrecen restos romanos de cierta calidad e importancia.

En el siglo XI con el apoyo del rey Alfonso VI y del obispo Diego Peláez se manda construir la magnifica catedral románica, rivalizando con los grandes centros de la cristiandad, Roma o Jerusalén.

El camino francés entra por Labacolla, próximo al actual aeropuerto Compostelano, y sigue por Bando y por el monte del Gozo, "Mons Gaudi", donde en 1106 el arzobispo Xelmirez consagro una capillita. Es aquí donde los peregrinos pronunciaban con más fuerza el ¡Ultreia! un himno de esperanza, ¡Adelante!.

La Catedral




Compostela está presidida por el monte del Pedroso, de singular silueta y con testimonios de algunos petroglifos, próximo al castro de Figueiras. Antiguo bosque donde San Francisco hizo amistad con el carbonero Cotolay, fundador del monasterio franciscano.

La esclavina, las ropas gastadas del peregrino se colgaban a modo de ofrenda en la "Cruz dos Farrapos", acrótera en los tejados de la catedral y a continuación se ponía ropas nuevas como símbolo de renovación.

Se entraba por la puerta Norte, en la calle del importante gremio de los azabacheros, con una portada que en el románico representaba escenas de la naturaleza divina de Cristo, pero que se desmontó en tiempos del barroco en un proyecto que enfrentó a los maestros arquitectos del barroco con los promotores del neoclásico.

En el interior se encuentra la Corticela, pequeño oratorio para los monjes benedictinos de San Martín, un edificio que quedó incluido en los brazos de la catedral por las ampliaciones románicas. Desde el siglo XVI pasa a ser parroquia de los peregrinos extranjeros.

Por los códices medievales conocemos las fases constructivas de la catedral, fundamentalmente por el Calixtino, verdadera guía de peregrinos escrita en el 1149. Otro de estos códices es el Tumbo A, comenzado en el 1129 por el Maestro Bernardo, en el que se documentan las obras hasta los tiempos de Alfonso X, así como la Compostelana, entre otros.

Bernardo el Viejo fue considerado como el primer maestro de las obras de la catedral, seguido del maestro Roberto y ya en los tiempos de Xelmirez el maestro Esteban... para continuar Bernardo el Joven... y Mateo.

Todas las capillas tienen algo que contar referido a una historia, arquitecto, escultor, retablista, sarcófagos de prelados, reyes, nobles... la sensibilidad constructiva de algún maestro arquitecto o escultor, el nombre de algún destacado promotor.

Es obligado encontrarnos con el sarcófago de plata, obra del 1879, cuando el canónigo López Ferreiro reconoce en excavaciones este lugar de la tumba del Apóstol, el edículo romano.

El paseo por la catedral es en sí una verdadera ascesis al centro laberíntico. Le daremos un abrazo a la imagen románica sedente, obra de 1211 y en la cripta visitaremos la tumba del Apóstol y de sus dos discípulos.

EL "Botafumeiro"

Es considerado como "el rey de los incensarios". En la alta Edad Media en los palacios y templos colgaban las lámparas y pebeteros en los que quemaban plantas olorosas como el mirto, el olivo y el incienso. En el siglo XIV ya se tienen noticias del gran incensario, los ingenios que lo hacen mover son del XVI, obra de Celma.

El Pórtico de la Gloria para recibir el sol del Vésperus.

En los dinteles del Pórtico de la Gloria está la inscripción que dice que estos se ponen en el año 1188 y que, desde su base, es obra de Mateo. En todo el conjunto de la fachada occidental románica había una lectura simbólica en relación e inspirada en los textos del Apocalipsis de San Juan: la cripta o entrada simboliza el caos inicial, la raíz, el origen, las tinieblas, accediendo a la parte intermedia, balcón abierto al occidente, con las tres arcadas del Pórtico de la Gloria en alusión a la iglesia militante, al Antiguo y al Nuevo Testamento, para el Cristo Juez dar paso al mundo celestial, por donde entra la luz, donde está la perfección del Dios-geómetra del universo, simbolizada en el rosetón y las arcuaciones de las bóvedas que dan remate a la fachada del templo.

El Maestro Mateo aparece también representado en su magna obra, arrodillado y ofreciendo al altar tal conjunto, es el popular "Santo dos Croques". El Maestro Mateo fue muy considerado y respetado incluso por el propio monarca Alfonso IX. Tenía más obras en la catedral, como el Coro Pétreo, desaparecido, y alguno de los sarcófagos del Panteón Real.

Las puertas




La tradicional puerta para fotografías es la de Platerías, pero antes de salir, a la izquierda veremos la pila bautismal del siglo IX, en la que cuentan bebió el caballo de Almanzor. Al lado de la entrada está el claustro o cementerio de capitulares, obra plateresca del siglo XVI, de Juan de Álava, que también da acceso a los museos catedralicios, de tapices, lapidario, arqueológico, a la Buchería... La puerta de Platerías está al sur, en la que se representa el mensaje referido a la naturaleza humana de Cristo. A esta obra se incorporaron otras esculturas procedentes de la puerta norte.

La plaza de Platerías está centrada por la fuente "dos cabaliños de pedra" y por la Casa del Cabildo, obra de Fernández Sarela, donde desemboca la asoportalada "rúa do Villar".

Inmediata y hacia la misma plaza de A Quintana dos Mortos está la Puerta Santa, conocida también como "Porta dos Vintesete", número de esas figuritas (24+3), veinticuatro de las que enmarcan la puerta y que pertenecían al coro románico, obra del Maestro Mateo, en la actualidad reconstruido parcialmente, tal como podemos ver en el Museo Catedralicio.

Desde A Quintana se observan los añadidos barrocos de la catedral: balaustres, pináculos y sobresale la Torre del Reloj o "Berenguela" así conocida por ser el obispo Berenguel de Landoire quien decidió amurallar este tramo de la catedral. Posteriormente, en el siglo XVII Domingo de Andrade, sobre la vieja base, crea este culmen de filigranas pétreas. Dicen los Compostelanos y recoge Cunqueiro que cuando toca la campana de la Berenguela mejoran los vinos... El conjunto de la plaza de A Quintana, poetizada por García Lorca, se cierra por el sobrio muro herreriano del convento de las monjas benedictinas de San Paio, fundado por Alfonso II para custodiar las santas reliquias. Se hace necesario entrar en la iglesia de San Paio para comprender la delicadeza y contrastes del barroco, ver los magníficos retablos de Castro Canseco y visitar su museo de arte sacro.

A la plaza de A Quintana da la asoportalada "Casa da Conga" o de los canónigos, de la autoría de Domingo de Andrade, mientras que sobre el podium de las escaleras que en ocasiones sirven de graderío, está la "Casa da Parra."

La Plaza del Obradoiro




En la "rúa do Franco" está el palacio renacentista del Colegio de Fonseca, la popular universidad Fonseca. Entramos en el Obradoiro, plaza cerrada por el Pazo de Raxoi, construido para seminario, coronado por el tímpano de la Batalla de Clavijo con la escultura del Santiago ecuestre esculpido por Gambino y su yerno el escultor José Ferreiro.Este Palacio es obra de Carlos Lemaur y hoy sirve de Ayuntamiento de la ciudad y sede de la Presidencia del Gobierno Autonómico.

El Hospital Real es edifico renacentista de Enrique Egas (1492), complementado con balcón y gárgolas barrocas. Se puede acceder también a la misma plaza por el arco sobre el que está el palacio arzobispal: muros sobrios del siglo XVII que sirven de cofre para el románico de Xelmirez, destruido parcialmente en las revueltas de 1117 y reconstruido con su gran comedor de convites.

Otro edificio contiguo a Fonseca es el Colexio de San Xerome, fundado por Alonso II de Fonseca para estudiantes pobres, hoy Rectorado.

Pero el Obradoiro, llamado así por los talleres de canteros que trabajaban en estas obras a lo largo de los siglos, está presidido por la magnifica fachada-retablo de la Catedral, obra de Fernando Casas Novoa y que cubre el Pórtico de la Gloria.

El paseo por una ciudad siempre sorprendente




Siempre quedará tiempo para pasear bajo los soportales de la rúa Nova, o de la rúa do Villar, cumplir en ésta con el Jubileo pagano... sintiéndonos vigilados desde las cristaleras de un café por el espíritu de don Ramón María del Valle Inclán ... El callejón de Entrerrúas, la Praza do Toural... En la rúa Nova está la iglesia románica de María Salmomé, pazos urbanos...

Pasearemos por el Preguntoiro, observando el edificio neoclásico de la Universidad, la Plaza de Cervantes, espacio que en el siglo XVI y XVII acogía el patíbulo para los condenados por la Inquisición y para algunas "meigas". La Casa Gótica que acoge el Museo de las Peregrinaciones, cerca está la Casa de la Troya, a principios de siglo característica pensión de estudiantes que inspiró a Pérez Lugín. En este entorno propiamente compostelano está la Iglesia y monasterio de San Martiño Pinario, con su fachada plateresca-renacentista y que en su interior cuenta con obras de los mejores maestros de los siglos XVI al XVIII: el magnífico retablo barroco es obra de Casas Novoa, hay también esculturas de José Ferreiro... Seguiremos hacia Santa Clara, antigua fundación de Doña Violante, la esposa del Rey Sabio, con su fachada telón, barroco de placas, obra de Simón Rodríguez.

Podemos retornar, circunvalando la ciudad histórica, ahora hacia Santo Domingo de Bonaval, dejamos el hospital de San Roque. De inmediato descubrimos el nuevo edificio del "Centro Galego de Arte Contemporánea", inaugurado en 1995, obra del arquitecto portugués Alvaro Siza. En la huerta del convento dominico, se abre la "Porta da auga", escultura de Chillida. La Iglesia guarda el "Panteón de Galegos Ilustres", con las cenizas de Rosalía de Castro y los restos del regionalista Alfredo Brañas, del geógrafo Domingo Fontán, del escultor Asorey, del poeta Cabanillas y de Castelao. La Iglesia conserva el púlpito de los discurso apocalípticos que aquí pronunció San Vicente Ferrer. El convento fue rehabilitado para "Museo do Pobo Galego" con secciones dedicadas al mar, al campo, al arte popular, al traje... En estas dependencias a la fuerza tendremos que ver la escalera helicoidal, volada, de tres tramos trazada por Domingo de Andrade, una de las más bellas de la historia de la arquitectura.

La Plaza de Abastos quiere ser una catedral del mercado de toda Galicia. Próxima a la iglesia románica de San Fiz de Solovio, asentada en el mismo lugar en el que, cuenta la tradición, vivía el ermitaño que descubrió la tumba del Apóstol. El convento de la Merced, "Patio de Madres", la cuesta del "Castrón D'Ouro" que a su vez conduce a la Colegiata Santa María la Real del Sar, con ese claustro siguiendo las trazas de Mateo, obra del XII, monasterio agustino fundado por Munio Afonso, uno de los autores de la Crónica Compostelana, íntimo de Xelmirez. La cimentación en tierras pantanosas en las inmediaciones del Sar no aguantó y presenta en el interior esa curiosa inclinación que a su vez obligó en el siglo XVIII a poner los característicos contrafuertes.

Compostela es como un laberinto de piedra, arte y tradiciones, una ciudad en la que siempre hay algo por descubrir.





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