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Manos capaces de convertir en arte cuanto tocan

Desde hace miles de años tenemos herramientas capaces de convertir en arte todo lo que tocan. Una de las fuentes de riqueza cultural de Galicia es su arte popular. La provincia de A Coruña conserva técnicas y formulas especiales de ese ancestral saber: desde la más delicada orfebrería en filigrana o repujado en hilos de plata o de oro, hasta los exvotos polícromos de San Andrés de Teixido, pasando por la azabachería, los encajes, la relojería que dio fama a Ladrido, Xubia o sigue con talleres en Compostela o A Coruña, o el delicado trabajo de forja que caracteriza a cierres, balconadas, lámparas y con importantes maestros en Santiago, A Coruña, Melide... todo eso que enriquece tanto el arte culto como el popular. Castelao, Masíde, Luis Seoane, Díaz Pardo... crearon escuela de reflexión sobre el tema. No olvidemos tampoco que en A Coruña se forma el adolescente Pablo Picasso.

Un viaje por el arte tradicional de Galicia es una fórmula para entrar en su laberíntica identidad. Las ferias como "Mostrart" en A Coruña, "Alfaroleiros" en Oleiros, la "Mostra en Vivo" del Castillo de Vimianzo y Buño son algunos ejemplos de encuentros artesanales, lo que se prolonga a otras ferias o a establecimientos en villas o ciudades. Esos saberes tienen también sus espacios en museos como el "Museo do Pobo Galego" en Compostela, en el "Museo da Terra de Melide" o el "Museo das Mariñas" en Betanzos.

Canteiros

Toda Galicia es tierra de piedra, de canteras y de canteros. Fueron famosos los canteros de Pontevedra, conocidos como "arxinas", que al igual que otros artesanos eran itinerantes , trabajaban por encargo e incluso tenían su propia jerga. Este gremio itinerante conocía los secretos de cada material, especialmente del granito, sabiendo desde el Megalitismo como cortar y mover grandes losas, como trabajarlas con cierta elementalidad, como crear con la piedra símbolos e imágenes. Es fácil ver, al lado de las carreteras y caminos los talleres de los canteros, cincelando con maceta y puntero, ofreciendo cruceiros, todo tipo de imágenes o complementos de la arquitectura: Guísamo, Carnota, Ponteceso... son centros herederos de los constructores de pazos, catedrales, monasterios, puentes o pequenos "petos de ánimas".

Cesteiros y sombrereiros

Se cree que una de las actividades más primitívas del ser humano fue el trenzado de sus propias melenas, técnicas que también experimentó con los juncos y el mimbre. Así no solo nació la cestería, sinó también el telar y otras más complicadas elaboraciones.








Los primeros recipientes fueron de cestería embetunada en su interior. En el exterior, el zig-zag o las bandas paralelas decorando superficies de cacharros de barro, nos remiten a recuerdos sobre el origen en las formas geométricas dadas por el trenzado. Las cestas de todo tamaño, material y tipo eran los contenedores para el transporte. Los materiales a entrelazar podrían ser muchos, seleccionados detenidamente: cortezas de madera de castaño o roble, mimbre, paja cosida con zigzagueantes y duras tiras de zarza... produciendo hermosos y decorativos ejemplos. Los labradores de las tierras de Val do Dubra o Bergantiños, Carballo, Ponteceso, Cabana cuidaron este buen hacer y saber. Pero hay otras modalidades de trabajo esmerado: Mazaricos, Dumbría, Carnota, Outes y Muros se caracterizaron por la elaboración del "sancosmeiro", ese curioso y hasta elegante sombrero para el sol y la lluvia, fácil de descubrir entre las paisanas de estas tierras coruñesas.

Oleiros o alfareiros

Buño es uno de los centros activos más importantes de la península. Su historia como núcleo alfarero se pierde en el tiempo. Puede que el origen esté antes o en la cultura castreña, reforzándose en el medievo. Paseando por este pueblo del ayuntamiento de Malpica nos encontraremos con testimonios de su origen y de su acontecer cotidiano: los viejos hornos, casas, hórreos y cobertizos de los tradicionales oleiros, sagas de familias, herederas de antiquísimos saberes, que con el torno de pie y gran habilidad moldean los típicos "botixos de roda" como emblema solar, centrados por la silueta del gallo, "olas", las "xerras", "viradoiras", "queimadas", los juguetes o "lilos"... Son característicos los vidriados en verde o pardo, sobre esquemáticos elementos decorativos geométricos de tema floral.

En tierras de Padrón, cantadas por Rosalía destaca el alfar de Lestrove, conocedor de pasadas experiencias; más recientes son los ceramistas de Carnota. Se evidencia la rotura, la búsqueda, el color... testimonio de las ansias de los nuevos artesanos que, a pesar de todo, no dejan de beber y recrear sobre la sabiduría tradicional.

Palilleiras

La "Costa da Morte" ofrece una marcada personalidad. Particular es esa historia de naufragios en todo tiempo, de leyendas y cuentos, de piedras oscilantes, de fuentes curativas o cultos fecundativos. Pero también con un particular arte nacido de la habilidad de las rederas y de ese espíritu tolerante y solidario de saber aprender de otros pueblos costeros. Muchos aventureros gallegos estuvieron embarcados con los Tercios de Flandes, llevaban y traían estas tradiciones, sumando que estas costas recibieron un ir y venir de influencias por los caminos del mar, dicen que también de la meseta, de Almagro. Aquí parece que el océano y los faros también "palillean" encajes.

Camariñas supo guardar los secretos de un buen hacer, allí siempre encontraremos viva y permanentemente esta actividad, especialmente en tiempo de Semana Santa, cuando tiene lugar "A feira do encaixe". Pero también las rías de Muxía, Ozón, Laxe, Fisterra y hasta el mismo Vimianzo, Corme o Malpica dejan escuchar el movimiento de los palillos. Cuidadas piezas llegaron a exportarse a América, incluso el "Titanic" el día de su naufragio llevaba una fuerte facturación de encajes de bolillos gallegos.

El Lino, la lana, el telar

Los antiguos cronistas romanos se referían a la calidad del lino gallego, tradición que culmina en el siglo XVIII con los intentos de los ilustrados para fomentar estas industrias, tanto para el vestir o el ajuar de las mozas casaderas, como para los velámenes de las embarcaciones. La Diputación Provincial recuperó el conjunto etnográfico de los batanes y molinos de Mosquetín que aprovechan la energía hidráulica del Río Grande, entre Baio y Vimianzo, y que nos remiten a la importancia de la industria del lino y de la lana.






Las complicadas fases de trabajo del lino, desde su plantación y cultivo, hasta el momento de recogerlo, mazarlo... "fiar" y elaborar el hilo, apartar el tasco y la estopa... fueron consideradas como un símbolo de ascesis, en relación con la peregrinación y la vida. De todo este trabajo nació un importante folklore, danzas, coplas, "regueifas" entre parroquias, entre mayores y jóvenes... propios precisamente para los "fiadeiros", lugares de encuentro para la iniciación.

Sorprende cómo se recupera esta ancestral tradición que incluso en décadas pasadas dejó perder hasta la simiente del lino y los viejos batanes de Mosquetín, próximos a Baio, dignos de toda protección. Se recupera la memoria del lino, no sólo en Vimianzo y Zas, también en toda Galicia.

Talabarteros y guarnicioneros

Los gallegos fueron gente de camino, de santuario en romería, de feria en feria. Para desplazarse necesitaron de caballos, de carruajes, domesticaron como nadie el caballo, esos "asturcones" ya conocidos en la antigüedad. Igualmente usaron otros animales para el tiro, como el buey o la vaca... Para esas tareas necesitaban de correajes de cuero, imprescindible también en el vestir, desde el cinturón hasta el zapato, carteras, bolsas y en complementos de la misma casa. Los buenos talabarteros de Bergantiños, de Xallas o Soneira, Ferrol, Ames, como los de Padrón eran verdaderos "milmañas".

Todavía descubrimos en el paisaje esas grandes construcciones que fueron curtideros, con restos de los pilones e instrumentos para un largo proceso de lavado, estirado, afeitado, secado...

Carpinteiros, selleiros, zoqueiros...

El trabajo en madera encuentra múltiples aplicaciones, desde los zuecos para proteger los pies hasta el mobiliario popular de artesas, escanos que caracterizan a parroquias como la bergantiñana de Sofán, los carpinteros de Mugardos, Boiro, Ribeira, Muros, Vimianzo... pasando por los selleiros y toneleiros de Betanzos, los carpinteiros de Ribeira de todo núcleo portuario, los maquetistas de barcos de Malpica, Camariñas, Muxía... los artesanos de instrumentos musicales que caracterizan a Compostela, Cambre, Ferrol, o los célebres imagineros que también dieron fama a Santiago, centro de producción de "souvenirs" más allá de Galicia.

Zuecos de piso de madera y cuero; zocas talladas sobre el "burro" en madera de abedul. La figura del "zoqueiro", puede cambiar de técnicas, de cuchillas o gubias, pero esas formas siguen siendo, por mucho tiempo, de gran utilidad para el paisano que se mueve en zonas mojadas. Todo el norte, pero en especial Galicia y cada comarca ofrecen un tipo diferente de zueca en madera, con esas formas graciosas y elementales grabados.








Azabacheros, plateros y orfebres

Azabacheros y plateros caracterizaron especialmente a Compostela. El "souvenir" del peregrino podría aunar plata y azabache, aunque también eran de destacar los minuciosos trabajos en marfil o cuerno de cachalote. No menos importantes fueron y son los orfebres coruñeses, los de Bergondo y Sada, como los plateros de Padrón, célebres por la filigrana con la que trabajaban delicados rosarios y collares.

El azabache era considerado como "piedra mágica", con propiedades. Se trata de un tipo de lignito que generalmente procede de las minas asturianas, conocido ya en la prehistoria, en el mundo romano y especialmente usado en el medievo y el barroco para fabricar las tradicionales "figas", marcado símbolo sexual en relación con el "mal de ojo". Pero también en los "obradoiros" de las azabacherías se hacían pequeños colgantes, amuletos en forma de venera, relieves con todo tipo de iconografía jacobea y un sinfín de fórmulas para collares, pendientes, sortijas y adornos que formaban los "aderezos" de los trajes populares gallegos, entre los que destaca el de muradana. El gremio de los azabacheros compostelanos, que tenía como protector a San Sebastián, se pierde en el medievo y se caracterizaba por una normativa muy rigurosa en exigencias sobre la calidad del material como sobre la talla.

Las nuevas artesanías

Nuevas búsquedas caracterizan a la producción artesana de hoy. En unas ocasiones retomando el testimonio del pasado e innovando, en otras rompiendo y creando, proyectándose al diseño, la moda tanto en el vestido, como en las artes gráficas, el cartón, el vidrio como a lo decorativo y a otras fórmulas.

No están claros los límites entre artesanía y arte. Ese debate, como el de arte e industria, tradición-contemporaneidad, caracteriza al centro productor de Sargadelos en la provincia de Lugo y al de 0 Castro de Samoedo en Sada. Se hace necesario reconocer el esfuerzo de reflexión, difusión y coordinación realizado por la Asociación Galega de Artesáns, su presencia anima ferias y estimula con aires renovadores técnicas y saberes ancestrales.

Todo tipo de artesanía es imprescindible para la conservación, la restauración del patrimonio cultural.









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